30 agosto 2013
Día 18 fuera de casa.
Hoy parece de esos días en los que mandabas a la mierda a todos, en los que te dan ganas de meterte en tu cama y no salir nunca, en los que te pones la música más alta que tus pensamientos. Parece que todo va a salir mal, parece que todo lo que habías querido una vez se derrumba. Parece que si alguien te toca, aunque sea el más leve roce, te romperás en mil trozos. Pero no te preocupes, en menos de lo que parece volverás a leer esto y te reirás de ti misma, por lo estúpida que parecías preocupándote por tonterías. Lo harás, te lo prometo.
25 agosto 2013
Día 13 fuera de casa.
No sé cómo empezar esto. Solo sé que quiero empezarlo. Igual que he empezado este viaje, esta experiencia. Tampoco sé cómo lo he hecho. Ahora entiendo lo de "cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad". Esto no es para que lo lea nadie, lo escribo para mí. Para mi futuro yo. Para que mi yo del presente se desahogue, se afloje un poco esos nudos que tiene en la garganta. Este yo del presente aún no se cree lo que está sucediendo. Hoy no hablaré de echar de menos, pero porque no me apetece, no porque no eche de menos. Y ya que estamos echando cosas, echemos al miedo de mí presente yo, que aquí sobra. Que si he viajado tan lejos no es para sentir miedo, no es para sentirme mal, no es para llorar. No. Si he viajado tan lejos es para aprender, para crecer, para disfrutar, para volver.
Esto no es un diario. No es algo con lo que me comprometa a escribir mi día a día. Es un pensadero. Eso es. Mi pensadero particular.
Esto no es un diario. No es algo con lo que me comprometa a escribir mi día a día. Es un pensadero. Eso es. Mi pensadero particular.
26 julio 2013
Velocidad.
Y sin que te des cuenta ya estás corriendo. Corres, por un camino por el que nunca antes habías corrido. No sabes dónde estás, no sabes a dónde te diriges, solo sabes que no puedes dejar de avanzar, no puedes mirar atrás. Tienes que decidir, ¿correrás más rápido? ¿Te pararás a descansar? ¿Cambiarás de camino? Miras a tu alrededor y ves tantas cosas que no te gustan que te resulta casi imposible no pararte. Quieres cambiar esas cosas, necesitas hacerlo, pero tus piernas no se frenan, se mueven solas y te impiden hacer cualquier cosa. Lo mismo pasa cuando encuentras algo que realmente te gusta. Un sol que se funde con los campos de trigo y tiñe el cielo de naranja. Una brisa que hace bailar las hojas de los árboles al ritmo del viento. Pero no puedes parar a disfrutarlo. Por mucho que lo intentes, tus piernas nunca dejarán de correr. Tienes que seguir avanzando. Y, aunque no lo entiendas en ese momento, a veces dejar las cosas atrás y seguir hacia delante, es la mejor opción.
15 junio 2013
Todo lo que sube acaba bajando.
Lo bueno nunca dura para siempre. Las rachas de buena suerte se terminan acabando. Intenta no pensar en el final, pero vete alejándote del bienestar, para que cuando éste, despiadado, se vaya sin avisar, no te des un golpe muy fuerte.
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